La música y el COVID-19

Después de casi tres meses del confinamiento, poco a poco estamos voliviendo a la vida normal, o mejor dicho, estamos descubriendo que es la nueva normalidad. Yo personalmente esta semana he empezado a dar clases presenciales a algunos alumnos pero al tomar todas las precauciones (mascarillas, distancia de seguridad, guantes) no puedo decir que todo sea igual a como era antes. Un hilo de inseguridad y miedo estará presente durante un buen tiempo entre todos nosotros. Los músicos autónomos son los que más han sufrido durante el confinamiento y los que más tempo necesitarán para volver a la vida normal. Vamos a leer cómo se han confrontado y cómo han vivido la cuarentena tres músicos diferentes de tres nacionalidades diferentes.

Recuerdo muy bien el día que se anunció el inicio de la cuarentena en Madrid. En ese momento estaba en una clase, con una alumna con la cual estábamos preparando un recital con un programa muy interesante y un formato muy original, basado en la música de Schumann, para 3 días después. En ese momento la Alcaldesa de Madrid declara el estado de emergencia: las escuelas y las salas de concierto cerrarían hasta nuevo aviso y nos hemos quedado a mitad del ensayo mientras leíamos la noticia, sin idea de lo que se veía venir. 

En ese momento terminamos la clase, de manera muy poco conclusiva y nos despedimos. Llegué a casa, un poco confundido. ¿Tendrían lugar los conciertos en las próximas fechas? ¿Cuánto duraría este estado de emergencia? Muy pronto entendimos la gravedad de la situación. Hasta Mayo no habrían clases, en el mejor de los casos, pero se podía intuir tranquilamente que iría para más. Obviamente el concierto se canceló, así como todos mis conciertos en el futuro próximo, hasta nuevo aviso.
Ya en casa, hicimos arreglos para afrontar el confinamiento y nos preparamos para una temporada de incertidumbre.
Ahí comenzó a sufrir uno de los elementos clave en nuestra profesión: la motivación. Cuando no sabes si el concierto tendrá lugar, si se va a posponer, o si se va a cancelar del todo: ¿Cómo te preparas para un posible concierto? Sobre todo si se tiene en cuenta que algunas piezas requieren meses de estudio cotidiano en anticipación. Por ejemplo, tenía un concierto en verano con la Sonata para cello de Rachmaninoff (nueva obra para mí) y aún no estaba seguro de si iba a ocurrir o no.
Sin embargo, al mismo tiempo había encontrado por fin el tiempo para hacer todas esas cosas que uno quiere (o no quiere pero debería) hacer: escalas, técnica, improvisación y lectura de nuevo repertorio. ¡Perdí la motivación y redescubrí la inspiración! Lo que me ha llevado a seguir tocando ha sido mi propio amor por el instrumento, y debo decir que soy muy afortunado pues cuento con todos los medios para hacerlo en casa (y además aprecié el hecho de que no necesito acompañamiento de piano).
Continué con mi preparación habitual, incluyendo la sonata de Rachmaninoff para cello pero, siendo mi principal ocupación la de repertorista, se entendió inmediatamente la dificultad para realizar las clases en línea. Los ensayos en línea son imposibles, ya que hay siempre un cierto retraso en la conexión así que el tocar juntos se vuelva insoportable. Sin embargo no podía quedarme de brazos cruzados y olvidar a mis alumnos, algunos nuevos, algunos a quienes conozco hace años. Así que procedí a grabar pistas y material para que los chicos pudieran tocar en casa con ellas y yo poder hacer comentarios, ya fuera a través de videollamada o mensajes, o intercambios de grabaciones. También surgió la brillante idea de hacer el concierto de clase, que tiene lugar trimestralmente, de manera virtual, y logramos hacer algunos vídeos de manera telemática con un resultado muy pero muy positivo.
Y me di cuenta que no necesitaba estar en un lugar fijo para hacer este tipo de cosas. Empecé a hablar con colegas míos fuera de España y comenzamos a colaborar a distancia. De pronto las fronteras habían desaparecido.  En el momento de mayor aislamiento, estaba mas conectado con todos mis colegas fuera de España y podía hacer música con cualquier persona en cualquier parte del mundo con la misma facilidad que con mis alumnos.
Hemos aprendido muchas cosas durante el confinamiento. Desde cómo lavarnos las manos, hasta cómo manejar todas nuestras tareas desde casa, en aislamiento. Hemos aprendido también que si nuestro vecino se enferma nosotros nos enfermamos, así que en nuestro interés está que nuestro vecino se encuentre bien, así que el bienestar común ha sido remarcado. Hemos aprendido muchas cosas sobre Coronavirus, higiene, prevención y seguridad social. Pero me gustaría que recordemos también lo que teníamos antes y no olvidemos ciertas cosas.
Recordemos lo fácil que era viajar. Hace 5 años elegí quedarme en Madrid porque me pareció un compromiso perfecto entre estar cerca del movimiento cultural europeo y una cultura mas afín a la mía, como Mexicano. Ahora, sin la posibilidad de ir a casa cuando uno quiere, sin esa libertad de ir a conocer una ciudad nueva, o planear unas vacaciones, hay que pensar dos veces antes de planear una estancia larga en cualquier país.
Recordemos que nunca será lo mismo un concierto en vivo que un concierto virtual con una sala vacía. Este no tiene esa energía, ese silencio lindo del público que te pone atención y está a la expectativa, creando una comunión inigualable con el mismo intérprete, inspirando a crear algo nuevo. El concierto virtual no tiene sino un silencio de un aparato que está grabando cada movimiento que hacemos y recibiendo nuestra energía sin darnos nada a cambio y que, en el momento de mayor inspiración, ella se dirige solo hacia los micrófonos y las cámaras y nos regresa solo  un silencio inerte. Todo esto sin contar que la magia del momento se ha perdido en el momento en el que podemos simplemente con un click regresar 10 segundos para ver cómo el artista ha interpretado cierto pasaje (lo hemos hecho todos). Me parece fantástico que se hayan inventado tantas nuevas modalidades de conciertos, que nos hayamos reinventado tan rápidamente y seamos capaces de ofrecer nuestro arte al público en cualquier circunstancia, gracias en parte a la tecnología, pero también gracias a la creatividad y a la necesidad de comunicar. Y nos ha dado pie a llevar la musica a lugares antes inexplorados. Creo que soy el primero en apoyar este tipo de actividades, ya que mi ciudad natal en México (Chihuahua) se encuentra muy aislada de círculo musical, y me habría gustado contar con toda esta facilidad e inmediatez cuando era pequeño. Pero no olvidemos que el arte, y sobre todo la musica, vive en el tiempo, y ciertos momentos son imposibles de recrear. Nada puede sustituir al concierto en vivo, es una necesidad. Tan es una necesidad, y a veces no nos damos cuenta, que en todos los países en los que ha habido confinamiento, la primera reacción ha sido hacer música. Ya sea cantando al ritmo de “Resistiré” como hacemos en España, o hasta salir a cantar o tocar los instrumentos en los balcones.
Recordemos que somos humanos y no podemos sobrevivir solo atendiendo nuestras necesidades más básicas, si tenemos la suerte de poderlas atender. Necesitamos compañía, seres queridos, literatura, música, aire fresco (este último se ha vuelto un lujo en Madrid al cual accedíamos solo 2 horas al día las ultimas semanas).
Corren tiempos difíciles para todos. Tiempos de incertidumbre y aislamiento, pero también de calma y reflexión. Esa calma que tanto añorábamos nos ha caído inesperadamente. En España vislumbramos el fin del confinamiento y podemos casi oler la vuelta a la “normalidad”. Pero, ¿volveremos realmente a la normalidad? Yo creo que es muy importante aprender de lo que hemos vivido hasta ahora, pero también recordar y no olvidar las cosas que teníamos, que dábamos por hecho, y luchar por ellas.

Ricardo Ali Alvarez

Al principio de la pandemia estuve muy relajada y no me podía imaginar que la crisis iba a durar tanto tiempo. A las dos semanas empecé a tener miedo y sentir angustia por los conciertos y proyectos que no se iban a poder realizar porque mi plan era tener conciertos y comenzar nuevos programas. La decepción era muy grande, sobre todo por no poder quedar con los compañeros y no poder ensayar. Además, no poder a escuchar los conciertos que se cancelaron me hizo sentir muy triste.

Pero la pandemia nos trajo también algo bueno! He hecho bastantes vídeos con mis compañeros que viven en países lejanos tocando música de cámara y me ha hecho feliz colgarlos en las redes sociales. Al tener tanto tiempo en casa, te pones ingenioso y quieres entusiasmar al público por internet y tener una reacción tan positiva por su parte me ha hecho sentirme muy bien.

Para cualquier intérprete es muy importante ver a su público y sentir su energía, ver su reacción. Yo soy positiva y estoy segura de que pronto volveremos a las salas de concierto y todo esto permanecerá como un recuerdo. Me alegro ya solo de pensar en los próximos conciertos en vivo y en el aplauso agradecido del público!

Anastasia Pawlik

Unos meses antes de que empezase la pandemia ya estaba viviendo en Hannover, mi nuevo hogar elegido. La mudanza estaba detrás de mí, empecé a trabajar en la escuela de música en Braunschweig, tenía nuevos alumnos, mis primeros conciertos en Hannover, en una frase: todo iba en una dirección muy positiva. Ni las noticias desde China podrían hacernos pensar que el virus iba a expandirse tan rápido por todo el mundo y crear una pandemia mundial.

Y allí empezó el drama. Nos han puesto medidas de seguridad, han cerrado o impuesto medidas excepcionales a las escuelas, los restaurantes, bares y muchos otros establecimientos. Las clases se realizaban online, pero nadie estaba preparado para vivir con estas medidas por mucho que todos se esforzasen en seguir el ritmo de vida anterior. Necesitábamos tiempo para acostumbrarnos y aceptar la nueva situación. Los que vivieron la epidemia de variola vera en el 1972 en Yugoslavia dirían que algo así solo se vive una vez en la vida. En especial entre los músicos autónomos estaban las preguntas: ¿cómo sobrevivir a la cuarentena, como pagar el alquiler, como pagar todos los costes adicionales como los seguros (el seguro médico y social (por mencionar los dos más importantes)? Todos los conciertos han sido cancelados y esa es la fuente más importante de ingresos para los músicos. ¿Existe alguna fuente de ahorros que nos ayudaría a superar la crisis? No todos los autónomos tenían la suerte, como nosotros en Alemania, de recibir una ayuda económica del país. Para todos los que tengan la intención de vivir como autónomos tengo un consejo: dejad siempre algo de dinero al lado porque como se puede ver ahora, nunca se sabe que pueda pasar. En las crisis siempre es difícil, pero como se ha visto la cultura es lo que sufre primero.Para los músicos los problemas durante la cuarentena no han sido solo económicos (mucha gente no le presta importancia o lo olvida) y es que ha sido muy fácil rompernos ya con cancelarnos y prohibir los conciertos y actuaciones. La decepción y la frustración eran muy grandes porque hasta la situación económica se puede resolver de algún modo pero no poder actuar por algún “estúpido virus” es difícil de superar, porque te obliga a no ejercer la profesión que tanto amas. No existe un sentimiento peor. No son solo las actuaciones y conciertos como tales, también los ensayos y las preparaciones, hacer música en vivo con tus compañeros. Durante esta pandemia hemos podido escuchar esta frase un número infinito de veces: “¿Cuándo podremos ensayar otra vez?”¿Cuándo la habéis dejado de contar? Yo, después de haberla escuchado 100 veces… A mí como músico me han hecho estas preguntas muchísimas veces. Desde que volví a Alemania en octubre 2019 no ha pasado tanto tiempo, tenía que conectar otra vez con la gente y mis contactos. No transcurrió tanto tiempo como para organizar un montón de conciertos pero si que algunos estaban en pie y acaban de cancelarse por las medidas de seguridad. Aquí me refiero tanto a los conciertos que ofrezco como intérprete y a los estrenos de mis obras. Eso fue otra fuente de frustración para mí como compositor: cancelación de un estreno o interpretación de mis obras. Estoy muy convencido de que todos mis colegas compositores se unen en este sentimiento. Porque no conozco ningún compositor que sea feliz solo con componer la música y ordenarla en su cajón. Los compositores pueden ser muy peculiares a la hora de escoger sus intérpretes, pueden ser muy exigentes con las interpretaciones de sus obras, pero CADA compositor quiere que sus obras suenen. Un compositor que no opina así, no tiene nada que buscar en esta profesión. Esa es una diferencia que la música tiene con otros tipos de arte, ella necesita un intérprete. Pero, para que alguien pueda interpretar la obra, primero alguien la tiene que escribir. Y para eso se necesita tiempo, lo que a nosotros compositores, siempre nos falta. Al mismo tiempo esto es la ironía más grande de nuestra profesión: nunca tenemos tiempo suficiente para la composición (para que hemos acabado nuestros estudios), porque la profesión de un compositor no te garantiza suficiente dinero como para poder dedicarte solo a ella si no te dedicas a la actividad pedagógica que a algunos les apetece más, a otros menos. Volvemos al hecho de que los compositores nunca tienen tiempo suficiente para crear su música. Antes de volver a Alemania he trabajado en una institución que con sus exigencias pedagógicas y burocráticas me quitaba todo el tiempo y no pude dedicarme mucho a la composición.  Eventualmente los fines de semana o durante las vacaciones. Irónicamente, para avanzar en el trabajo justo el trabajo artístico era necesario. Ya con la llegada a Alemania y empezar a trabajar en una institución privada me ha hecho posible organizar mis horarios. El mayor cambio lo he sentido por la falta del trabajo burocrático. De repente he tenido mucho más tiempo para dedicarle a la composición. En un plazo bastante corto han nacido dos obras nuevas para órgano “Meditación para el día santo” y “Fantasia coral sobre el tema de Veni creator spiritus” . Las dos obras deberían haberse estrenado en abril/mayo pero todo se canceló por las medidas de seguridad. Las medidas de seguridad empezaron en Alemania justo una semana antes de las vacaciones de semana santa. De repente había un montón de tiempo para dedicarse a la composición. No solo por las vacaciones sino también porque como tenía que dar las clases online, tuve muchísimo tiempo ahorrado que normalmente me gasto en los viaje entre Hannover y Braunschweig y Hannover – Burgwedel. Diciendo esto no quiero infravalorar el peligro detrás del virus y la pandemia, pero la ironía es que gracias a la pandemia yo he ganado mucho tiempo que podía dedicar a la composición. Y decidí aprovechar este tiempo muy bien. Durante todo este periodo, excepto las dos obras para órgano mencionadas, han nacido ocho obras más. Se trata de tres preludios y fugas (Do mayor, la menor, Re bemol mayor) para la serie que ya empecé a hacer “24 preludios y fugas para acordeón solo”, “Tango ostinato” para clarinete y acordeón (obra en la que he intentado encajar ritmos típicos de tango en una tonalidad más moderna), “Pequeño preludio lírico” para acordeón solo, “Passacaglia isorythmica” para acordeón (obra que ha nacido después de mi investigación en isoritmos-técnica rítmica específica en el periodo “Ars nova”), “Fantasia mesotónica” (obra escrita para mi amigo y colega Ander Telleria que tiene un acordeón mesotónico, con una afinación mesotónica que se utilizó en la época del renacimiento y barroco), “Sonata Nr.1” para acordeón y una miniatura bajo el nombre de “Meditación en canon” que dura un minuto (la forma es un doble canon bastante complicado). Sin analizar las obras mencionadas, me gustaría decir que para el este periodo de tiempo, es un número bastante grande de obras, pero aquí no se trata solo de la cantidad claramente. Pensar sobre la forma, técnica de composición, ritmo, melodía y la creación de los nuevos esquemas me ha llevado la mayoría del tiempo y el final resultó con la creación de las obras como “passacaglia isorhytmica” o “Fantasia mesotonica”. Mi primer profesor de composición fue Johannes Schöllhorn y el solía decir que la composición hay que estudiarla como el tocar un instrumento. Experiencias como estas pueden cambiar el estilo de componer y la actitud que tenemos hacia el proceso de la creación porque para un compositor no hay nada peor que caer en la monotonía. En el ejemplo de Igor Stravinsky podemos ver que hasta con 70 años no es tarde para cambiar el estilo y las nuevas sabidurías. Por eso mi consejo personal para todos los compositores es: valorad el tiempo que tenéis para dedicaros a vuestra profesión e intentad aprovecharlo de la mejor manera posible!

Vladimir Gorup